
¿Por donde empiezo?
Fue hace ya más de dos años, empezó como todos los males empiezan, malos habitos y malas decisiones.
Casi puedo sentir sus respiraciones en la nuca. No, el plural no es gratuito, no es uno o tres, ni una docena de personas, una colonia, tal vez dos, el hambriento e insaciable sentido de superioridad, un puñado de personas sometiendo y ejerciendo violencia psicológica al por mayor, sin atabios, sin conciencia, o tal vez si.
Uno por ponerme de mal ejemplo, (digo infame sería no decir que gran parte de todo esto es culpa mía) los otros por sobra de tiempo, dinero, y esfuerzo, vaya a lo mejor no hay nada más interesante que hacer.
Gente con la que crecí, con la que compartí infancia, adolescencia y adultez todo arrebasado por un vacío que no podrían llenar hagan lo que hagan intenten lo que intenten, la ira y la desesperación de ser también parte del problema, testigos del escándalo y aún así no haber hecho absolutamente nada. El hambre de miseria ajena.
Al principio, eran como cuidadores de lo moral, intentaban con bastante suerte diría yo, que no cayera en tentación, más que nada porque yo me aferraba a cerrar brechas visuales y ellos se aferraban justo a lo contrario. Limites si tenían, pero digamos que no estaban muy bien delimitados, saltarse la barda, abrir la llave del drenado del calentador, cerrar la llave del gas, y yo a full en mi «rush», no sabía si temblaba por estar drogado o era el corazón el que me latía tan rápido y con fuerza que me hacía temblar.
Después los teatros se volvieron en Él deporte, la escalada hacia arriba y sin escalas, entre más angustia y más temor, ansiedad, miedo, coraje, llanto, ira o desesperacion provocara era directamente proporcional a la cantidad de risas y burlas, para joder más, ¿porque no?
Su juego favorito era… hacerme chillar, como alguien que encuentra algo que siempre a buscado, como cuando lograste esa meta que tanto trabajaste y por la que te esforzaste o como si vieras toda tu vida derrumbarse ante tus ojos, chillar como cuando crees que todo a acabado. Pero no es ni el comienzo, desde drones, dispositivos BLE, controladores de corto alcance, hacking, y herramientas al alcance de cualquier técnico de alguna compañía de telecomunicaciones cualesquiera, los juegos eran muchos.Al acostumbrarme a usar audífonos todo el tiempo a toda hora, los canales que conectan hacia el teléfono o un canal directamente intervenido a nivel del hardware sumado a mi falta de voluntad y amor al «slam» me condujeron poco a poco en un mal viaje que duro meses, dónde todo crujía, dónde todo se movía, dónde me pedían perdón por lo que habían hecho, —!Sal Beto, si se va a caer el taller!—, —que se siente saber que tus padres van a morir y todo es por tu culpa—, —sí, vamos todos y le rompemos toda su madre, ¡sí! A la cuenta de tres…—, —mira, mira su pitito, miralo—, —Ya déjenlo en paz, ya fue suficiente—, —¡No papá no le dispares, te vas a meter en un problema tu también!—, —¿Le disparo?, si? Justo en la cabeza?—, ¡Beto, salte ya, tu casa se va a caer, Beto que le hiciste a tu casa, ¡Beto! ¡Tu casa se está callendo!,—¡Miralo, míralo como está valiendo verga JAJAJAJAJA!

