El escuchar el festejo de lo que era obvio, un drogadicto llendo a emergencias porque escucha voces, con tics por no poder controlar lo que ocurría en su propio teléfono, con miedo en todo momento y en todo lugar, con tres frascos de jumex, litro y medio de gasolina y un poco de aceite de motor quemado guardados en el closet, esperando el momento idoneo para preparar los cócteles Molotov, no importaba a cuántos me llevará, no importaba si no lastimaba a nadie, esos hijos de perra se juntan ahí arriba, mi perro les ladra, los oigo como se rien. Les voy a prender fuego a ver si así alguien con dos dedos de frente tiene el valor de decir lo que he estado pasando, sé que hay personas que dadas ciertas circunstancias dirían la verdad, más si el mentir los comprometiera a la complicidad.Diagnóstico: delirium tremens por consumo de metanfetamina, —si su hijo sigue igual traigalo y lo internamos, sirve que le hacen los estudios que tanto quiere para que vea no trae un chip metido en la cabeza—.Casi podría jurar que escuchan lo que pienso, el único lugar en donde el ser humano puede sentirse seguro, manoseando y malinterpretado por un puñado de personas que no entienden ni son concientes ni de su espacio en una comunidad, ni lo que representan, ególatras machistas que aseguran saber cómo debe vivir se la vida, porque ellos la viven bien, porque ellos no se meten con nadie, porque quien mejor que ellos para poner el ejemplo, o señalar a alguien o juzgarlo o castigarlo.

No pasaron ni tres días, gritos y mas gritos, —¡ya acéptalo!—, —¡di la verdad!—, voces en un estrepitoso bullicio, voces conocidas, otras las mismas de siempre, el miedo a recibir mi castigo, el temor de ser ventilado más aún de lo que ellos ya me habían etiquetado, marcado, señalado, juzgado y castigado.

Me encontré en una cama fijada al suelo, no había cobija, eran las 4am aproximadamente, —van a ir por ti, no importa dónde te metas, ya van a ir por ti—. Explicarle al psiquiatra: —mis vecinos me han intimidado por años, algo me pusieron en la cabeza, no es posible que pueda escucharlos todo el tiempo, hágame una tomografía, seguro ahí aparecerá, tengo pruebas, las grabé en un disco, pude probar que mi teléfono realmente está intervenido—, —No importa las pruebas que tengas, si yo te demuestro que lo que dices es mentira tampoco lo vas a creer—.Diagnóstico: Esquizofrenia.—No sé de que se sorprende, no es la primera vez que escucha este diagnóstico, ¿O si?— 21 días estuve hospitalizado, no sabía del diagnóstico hasta que en la primera visita mis padres me lo dijeron, volví a chillar, asustado porqué ¡claro! Es imposible que tenga algo en la cabeza, no hay nadie interviniendo mi teléfono, es hora de tomar mi medicamento y ponerle fin a todo esto y aceptar que las voces solo son producto de mi propia mente torcida y desgastada por las drogas.