Limitless

Las pláticas banqueteras después de un buen convivio en la casa de al lado, eran la epítome de la decadencia de mi persona, cuántas botellas llenas con orines, cuánto no habían ya intentado hacer por mi (falaz), la cantidad de veces que intentaron ayudarme (sarcasmo). Y fue cuando me pregunté, ¿Porque siempre los escucho? Es que hablan muy fuerte?, ¿es que el chismoso soy yo y no lo sabía y solo me acupaba de captar lo que sea que fuere que emanara de sus agonizantes y burlonas almas? La primera vez que me atrinchere en mi cuarto, con un bote de spray en una mano y un encendedor en la otra, creía oírlos por todos lados, en todas las puertas, corriendo las ventanas, veía sus sombras, veía la ventana abrirse, puse la cama como tranca, creí que en verdad intentaban matarme. —!apuntale!, ahí se ve su cabeza, ¡dale dale! Llame a la policía en más de tres ocasiones, podía escucharlos desde mi ventana mientras tiraba con algo de fuerza cosas al azar hacia los vidrios para llamar la atención mientras gritaba auxilio —No se preocupe oficial, todo bajo control— y se iban, o eso creo, en el estado en el que me encontraba capaz y todo fue producto de mis delirios.Delirios fuertísimos porque los escuchaba tan clarito, tan nítido, como un susurro a raz de la oreja, desde antes de que abriera los ojos así como lo último que escuchaba antes de quedarme dormido. Intenté con algo de éxito grabar algunas conversaciones, pero al momento de reproducirlas al día siguiente ya no se oía nada, o ya no encontraba el archivo.Y es que cada que lograba captar una prueba, las voces, los logs del teléfono captados por un emulador de terminal, los vídeos del club de los ganadores que me siguieron hasta un concierto solo para hacerme miserable, para burlarse directamente a mis espaldas y en mis narices o se borraban, se corrompían de repente.

Capturas de pantalla sacadas de una plática con Gemini, la aplicación de IA de Google, tal vez más adelante les comparta el link con la conversación completa